Producto, fama y arte.

Existe hoy día una suerte de fiebre por ser reconocidos. Siempre ha estado ese ensueño general de la gente de convertirse en alguien reconocido por la población o un gran numero de personas. Siempre esta ahí esa necesidad, desde querer ser reconocidos por nuestros familiares, pasando por los amigos, y ya a gran escala la población. Hay, incluso, quienes apuntan mas alto y quieren ser reconocidos en el mundo. Lo que no se ve es que todo aquel que logra este cometido es porque los medios lo han elegido como producto. No es cuestión de desmerecer el esfuerzo de algunas personas que realmente son talentosas. Pero es sabido que para lograr ser una figura que resalte en alguna disciplina se necesita tiempo y energías.
Una vez charlando con un amigo músico me decía que su ideal era poder vivir de eso. Yo le comentaba mi idea de poder hacerlo con el dibujo y los comics. Charlando llegamos a la conclusión de que para combatir la mediocridad de hoy día en los productos de consumo masivo (lease por productos a "artistas" de esta época) había que poner por encima de cualquier especulación un mensaje inspirador e ingenioso. Romper con los moldes y llevar la creación propia a otro nivel. Porque el imperio mediático mundial presenta figuras chatas, crea personajes exitosos de personas comunes, aveces mediocres y otras veces pobres internamente. Muchas de las figuras de hoy día han tenido el capital para comprar su espacio en los medios y eso muchas veces no va de la mano del ingenio. Y para aquellos que no tienen esa posibilidad el sistema los convoca y los utiliza en concursos donde  regalan sus ideas por 10 minutos de fama. en el mejor de los casos logran ser los "ganadores" de ese concurso pasando a firmar contratos esclavizadores que limitan su creatividad, mientras los estudios de mercado y los asesores de imagen apagan cualquier atisbo de originalidad creando así otro monigote que por un par de miradas que alimentan su YO renuncian a cualquier idea original.
Hoy día internet apareció como otra alternativa de poder mostrar lo que uno hace, pero no esta exento de especulaciones ni tampoco de las corporaciones que sostiene este sistema y sus valoraciones. Quizás el truco esté en no buscar ese reconocimiento, sino conectar realmente con lo que se intenta transmitir y salir a mostrarlo, porque el simple hecho de hacer algo y buscar rédito económico termina convirtiendo esa creación en un producto de consumo y el arte no es un producto. O quizás si lo sea, el arte de este sistema anti-humano es un producto, un producto de consumo, es un arte oscurantista producto de hipnosis y catarsis. Entonces, al parecer lo que debemos lograr las nuevas generaciones es crear ese nuevo arte producto del ingenio y la inspiración, que no dependa de estados alterados de conciencia producto de agentes externos, sino que surja de las asociaciones libres, del divague, de la inspiración y del juego.
Deberíamos intentar volver a conectar con ese niño que cuando estaba aburrido creaba sin ningún tipo de dificultad.

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